lunes, 5 de agosto de 2013

La anécdota del teléfono Chocho

Este es uno de esos recuerdos que no se dónde ubicar, si en el lado gracioso de los estantes en mi mente o junto a aquellos no tan gratos donde más que todo siento un poco de dolor. 

Dolor ajeno, porque es una anécdota casi sacada del mejor reality show al estilo E! Entertainment,  dramas de amor totalmente injustos e irónicamente graciosos. 


En fin, así nos trata la vida:

Recuerdo que tenía un novio hace algunos años, no muy bueno para el estudio pero siempre trabajador. 

Humildemente encontró un brete en una tienda donde se arreglaban celulares. Él se encargaba de revisarlos y reparar los los teléfonos. Al final de la jornada laboral, para poder verificar que el trabajo estuviera bien hecho, mi querido Juan ponía su tarjeta SIM en los teléfonos de los clientes, así se aseguraba de que el celular había sido reparado correctamente y estuviera listo para entregarse de nuevo al dueño. 

Yo en mi estado de enamoramiento quinceañero mensajeaba con él todo el día, y para no fallarme me mandaba mensajes desde los celulares de los clientes mientras los reparaba.

 Aunque no decían nada pasado de tono -o tal vez sí- verificaba siempre borrar los cariñosos mensajes antes de volver a entregar el celular a su respectivo dueño. 

Pero Murphy existe. Eran las 10 de la mañana de un día cualquiera cuando recibí una llamada a mi celular de un número desconocido.  Era la voz de una dulce mujer, absolutamente en estado de histeria, enojo, mezclado con un poco de indignación, con un tono de voz que sobrepasaba los decibles del audífono en mi celular: "Solo dígame una cosa. ¿Usted conoce a Douglas? es lo único que ocupo saber." 

De inmediato se me vino a la mente la imagen de Douglas. Un vecino mio muy conocido en el barrio. Y con seguridad le respondí: -Claro que lo conozco. 

Todavía ella esperanzada en que mi respuesta fuera negativa insistió:

-  Douglas el que vive en Hatillo?
Yo en mi mente reflexioné: "A no, yo vivo en Aserrí, pero seguramente ese señor se paso de casa" 
Y volví a reiterar: 
- Si claro, yo conozco a Douglas. 

La joven indignada me tiro el teléfono, después de ofender a mi madre más que a mi. 

Yo estaba petrificada y absolutamente confundida, pero tan solo un segundo después de terminar la llamada con Miss Drama Queen, recibí una segunda llamada de un joven. 

Era Douglas. No mi vecino. Era el Douglas de la muchacha. Con la voz temblando. 

- Mire, yo no se quien es usted y no se por qué habían mensajes en mi celular enviados a su número, pero si la llama mi novia preguntando si me conoce, dígale que no y que yo nunca le he dado la vuelta con usted. Por favor. 

....

!Ah la puta! me cayó la peseta. Que pacao'

Yo solo pude contestarle: 

- Si claro muchacho, si ella me llama yo le digo la verdad, que yo a usted no lo conozco. Suerte con su novia y ojala le crea. 

Y le corte la llamada. 

Llame al culpable de que el pobre Douglas se quedara sin novia, para contarle lo que había sucedido:  

!Mi novio! el reparador de celulares quien me había mandado mensajes de los más amorosos desde el celular de éste -ahora soltero- muchacho, y que su novia -porque la vida es cruel- encontró antes que él. 

lunes, 29 de julio de 2013

Tifany es hermosa, pero ella no lo sabe

No había sufrido ningún golpe físico, ni habría justificación médica que respaldara el porqué debía ausentarse de clases. Su dolor ya viejo, empozado y casi acostumbrada él, iba más allá de eso. 

Eran apenas las 2:30 de la tarde cuando Tifany se dirigía nuevamente a la dirección de su escuela para que le sellaran el permiso de salida alegando que se sentía mal. Caminaba despacio, un poco encorvada y con la cara larga. En horario normal llegó a la escuela sabiendo que tendría que esperar hasta las 5:40 de la tarde para regresar a su casa, pero en el primer recreo del día desistió.

Ya había pasado un año desde que su problema se convirtió en un escándalo público en su comunidad, cuando su madre decidió acusar a la escuela ante un medio de comunicación al no solucionar el maltrato psicológico que Tifany estaba sufriendo por parte de sus compañeros de clase. La solución aún no ha llegado, sino que acciones como esta agravaron la situación con el paso de los días.

“Por dicha este es mi último año aquí” dijo sonriendo como si hubiera tenido que pagar una condena por una culpa que no es suya. Cursa el sexto grado y no sabe porque su madre nunca la cambió de escuela. “Siempre me dice que no, porque en todo lado voy a seguir siendo negra”

Tifany es hermosa, pero ella no lo sabe. Ha intentado cubrir su piel morena con la tiza blanca que se utiliza para rayar la pizarra en su clase, y en repetidas ocasiones ha pedido a su madre que le compre talcos en el supermercado para aplicar la misma técnica en su casa y así poder asistir a su escuela, donde la juzgan por su color de piel.

“Quiero verme blanquita, así como usted” dijo sin parar de sonreír como esperanzada. No conoce a su padre, pero si sabe que su mamá y sus hermanas tampoco comparten su color de piel.

Se sienta de primera en el aula cerca del pupitre de la profesora, así ella puede consolarla si alguno de sus compañeros hace algún comentario indebido. Solo eso está en sus manos, afirmó la maestra acentuando con la cabeza, después de contar como ya se habían aplicado todas las medidas correctivas de conducta a los demás niños sin los resultados deseados.

A Tifany se le permitió sentarse junto a sus mejores amigas. Aunque muchas veces interrumpe la clase hablando con ellas, es más importante que esté acompañada la mayor parte del tiempo, dijo su profesora. Son dos, Viviana y Arlyn, quienes con más madures que los demás compañeros saben que el color de piel de Tifany no influye en su calidad como persona. “Ella es buena” dicen las niñas sentadas junto a Tifany mientras yo observaba como las tres llevaban su cabello acomodado de la misma manera, con una cola hacia el lado derecho: por igual.

Algunos de los demás niños en el aula, para evitar ser rechazados no le hablan a Tifany, tampoco la ofenden, solo la ignoran.



***

El director le negó la salida. Era la tercera vez en la semana que intentaba irse de clases, solo que esta vez la justificación no tenía el suficiente peso. No se comparaba con la del pasado lunes, cuando los niños reunidos en la cancha de la escuela celebraban las propagandas de los partidos políticos escolares y mientras Tifany gritaba marchando con sus amigas “!Se oye, se siente PIE presidente!” uno de sus compañeros paso junto a ella corriendo, arrebatándole los broches de la enagua, dejándola en calzones en medio de la risa de todos los presentes.

Tampoco podía compararse con el miércoles anterior cuando la niña encontró la lonchera con la comida que su madre había preparado, en el basurero de la clase. Mucho menos se comparaba con la del viernes ante pasado cuando Tifany debió cortar con una tijera un mechon de su pelo porque sin percatarse, alguno de sus compañeros le pego un chicle. Por fortuna, ahora sus amigas también se recogen el cabello con colitas del mismo color, para que Tifany no se sienta diferente.

Esta vez, como siempre recibió las lecciones de Estudios Sociales tranquila desde su pupitre, coloreando en su cuaderno, sonriendo con sus amigas. Cuando llegó el receso salieron del aula, guardando distancia de los demás niños, llevaron sus meriendas y se sentaron en un pasillo cerca de la puerta del aula a descansar mientras los demás realizaban actividades y juegos en grupo. Para que no se percataran de que yo la observaba de lejos decidí acompañarlas en la conversación. Me explicó tantas veces que lo único que quería era no llamar la atención.

Esta vez Tifany intento irse de clases porque uno de sus compañeros le recordó que hace un año ya habían hablado lo suficiente de ella, tanto así que la situación llego un periódico nacional. Como para querer desaparecer del mapa. Tomo la decisión cuando después de sonar el timbre de entrada, a lo lejos escuchó a uno de sus compañeros varones gritar: “!Vean! volvió a llamar a los periodistas. No entendió que eso no le sirvió de nada”, llena de miedo por mi presencia, se puso de pie despidiéndose con la mirada y corrió a traer su cuaderno de comunicaciones para dirigirse a la oficina del director. Había encontrado una nueva excusa para intentar salir de ese lugar.

jueves, 20 de junio de 2013

Un golpe de suerte

Pasadas las 3 de la mañana el maquillaje de Ariane ya estaba corrido por el sudor que le provocó la multitud del bar. Afortunadamente estaba sentada cerca de la acera frente al antro donde su amiga Laura la había llevado ese viernes, en el momento que la policía municipal llego a realizar la inspección usual cuando la hora de cierre de los locales se excedía. Rápidamente fue tomada por el brazo por un joven alto y fuerte mas consiente que ella, que la levanto del caño para llevarla en su automóvil.

Semanas atrás Laura había cumplido ya 19 años. Cursar el decimo año en un colegio de monjas le abría el apetito de rebeldía, especialmente porque podía presumir su mayoría de edad frente a los demás compañeros quienes aun esperaban ansiosos su próximo cumpleaños: el numero 18. Laura presumía de sus conocimientos en la vida nocturna, sabia cual coctel era el más sabroso, cual marihuana la más poderosa, y cual bar el más popular. Pintaba sus labios rojos y sus pestañas negras y postizas dejaban al descubierto una mirada picara, como si estuviera escondiendo un secreto todo el tiempo. Aún hoy a sus 22,  su aspecto no ha cambiado pero sí su manera de ver la vida.
 
No le importaba que las monjas la amenazaran semana tras semana por no lavar su maquillaje antes de llegar a clases, ella sabía que aunque perdía valiosos puntos de su nota de conducta ganaba lo que para ella era más valioso aún: admiración, respeto y popularidad.  

Ariane quien ahora recuerda ese viernes sonriendo y sorprendida ya tiene 20. Han pasado 3 años desde que recuerda como ese día la suerte toco a su puerta. Era menor de edad y la mejor amiga de Laura en el “convento” como le llamaban bromeando al Colegio del Sagrado Corazón.

La gota que derramo el vaso fue no poder asistir a la celebración del cumpleaños de Laura en un bar de moda en San Pedro llamado Retro, tocaba una de sus bandas favoritas, kadeho. Hoy ya ninguno de los dos existe. Estaba convencida de que no tener cédula le estaba robando los mejores momentos de su juventud, especialmente porque su mejor amiga al día siguiente presumía una fotografía con el vocalista de la banda en su facebook.  

Salían del cole a las 2 de la tarde todos los días y ese viernes Ariane ni siquiera llego a su casa, el plan había estado en mente desde semanas atrás. Un mensaje de texto al celular de su madre para que no se preocupara fue el único indicio de vida que dio a su familia en las siguientes 20 horas. Después de clases, no tomo el autobús escolar y se dirigió a casa de su mejor amiga; debían estar listas  para la noche. Conseguir una cedula falsa con un amigo de Laura le costaba 50mil colones, por eso decidieron ir a un bar no muy costoso  donde quizá Ariane pudiera entrar sin ser percibida como menor de edad. No fue muy difícil. 

Pinto su cara como lo hacía Laura, y se puso unos tacones que le favorecían muy bien. Esa noche Laura había invitado a sus amigos universitarios  para sorprender a Ariane. Cancelaron a último minuto. Ya todo el plan estaba hecho, las ansias de conocer antes de tiempo quemaban y no podían cambiar el plan. A las 9 de la noche, temprano para ser viernes y tarde para una joven de 17 ya estaban sentadas en la mesa de Karaoke 88 en la calle de la amargura. 

Solas en una mesa Laura saco los cigarros y ofreció a Ariane como si fueran confites. En ese entonces podían fumar dentro del bar.  

Pasada ya media hora, Laura intentaba convencer a Ariane de abandonar el lugar. El ambiente estaba apagado, estaban solas y no había música de moda, sino más bien personas cantando rancheras y románticas en español en una tarima. Pero Ariane insistió. No paso mucho tiempo cuando un joven de los que estaban sentados en la mesa de al lado se aproximó –¿Me regala fuego?

Ariane astuta contesto: -Claro, pero con una condición: Que vengan a sentarse acá con nosotras. 

Era un grupo de tres jóvenes.  Ya eran 5 en la mesa y la noche comenzó a tornarse divertida. Ariane recuerda que ellos las convencieron de cantar frente a todos en el bar, y que ellas debían solicitar las canciones al DJ. Había que escribir en un papel el nombre de la canción y cuando saco unas crayolas para escribir “Lamento Boliviano” el funcionario del bar noto que era menor de edad. En tono de burla le dijo que regresara al kínder de donde venia, pero que disfrutara primero la canción. Siendo casi ya la 1 de la mañana Ariane y Laura no habían gastado ni un colon en licor pero la mesa estaba llena de botellas y ellas ya no muy consientes de lo que sucedía. Siendo ya casi las dos de la mañana le empezó a faltar el aire, había demasiado humo en un lugar tan pequeño y ahora veía doble. Las propuestas para el  sarpe  se hicieron venir. Los jóvenes las sacaron del bar y sentaron a Ariane cerca de un caño, quien hoy solo recuerda que al abrir sus ojos uno de ellos la levantaba de la acera con rapidez. Ella solo podía distinguir las luces de las patrullas de la policía municipal y escuchaba como en medio del bullicio sacaban a la gente del lugar.  En el carro iba más consciente y mientras besaba en la boca a uno de los jóvenes escuchaba las risas de sus demás acompañantes.

Ahora agacha la mirada y me evade. Cuenta con pausas que el momento en el que se dio cuenta que iba en el automóvil de 3 hombres desconocidos con su amiga Laura fue cuando pararon en una pulpería de una calle desconocida para comprar más licor. Tenía la voluntad de salir del carro, pero no las fuerzas. Al llegar al departamento la sentaron en un sillón y cerró los ojos, recuerda haber ido al baño unas 3 veces a vomitar el alma y observar ropa interior de mujer (que no era ni de Laura, ni de ella) tirados en las habitaciones del lugar. Cuando abrió los ojos Laura estaba encima de ella intentando hacer que entrara de nuevo en razón. Le dijo: 

-Ya van a ser las 5, Ari. Vámonos. Ellos nos van a dejar a mi casa. 

Efectivamente los jóvenes las llevaron hasta la casa de Laura donde no había problema en entrar y salir a la hora que ella deseara. Durmió tranquila sin ningún rasguño hasta las 10 de la mañana. Se despertó porque  el sonido de la vibración del teléfono en las 72 llamadas perdidas de su mamá ya eran insoportables en su cabeza. 


Hoy todos continúan siendo amigos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Del lagarteo y otras malas costumbres

Imposible será por los siglos de los siglos intercambiar papeles. Decenas de libros década tras década tratando de solucionar las diferencias de género. Al final continuamos siendo los mismos estúpidos enamorados del amor. Estúpidos me atrevo a decir porque es como entrar en un éxtasis donde caminamos flotando en nuestros pensamientos que nos aíslan del mundo real y nadie puede detenernos.  No pretendo entonces convertirme hoy en John Gray escribiendo otro manual de como conquistar una mujer y de como comprendernos mutuamente.

De esos ya tienen suficientes, no?

Pero tal vez existen varias cosas que, he notado, pueden servir. En el caso de los hombres (desde mi punto de vista, puede que me equivoque y corríjanme si es así) me parece simplemente impresionante cuantas cosas están dispuestos a hacer por conquistar el amor y/o la cama de una mujer la cual realmente les interese. Pero a veces, no son tan acertados.

De ahí, tropiezo tras tropiezo, de cada fallo, de esos terribles errores que cometen en conquista: Nacieron. Así fue como surgieron. Quienes? Esos. Esa nueva raza, ese nuevo grupo que no pega ni una, que no atina, que intenta e intenta alcanzar de manera desesperada el corazón de una hermosa damisela, pero el resultado es cero. Nada. No son mujeriegos, no son perros, no son picaros, son Lagartos. Y no estoy hablando de los que son del tipo Erick Sprague.


Se que pensaron de inmediato "!Se equivoca! esos no quieren el corazón de nadie, es la carne lo que andan buscando" Pero sí, lo repito. Es el corazón lo que buscan, o buscaban. Solo que perdieron su objetivo con el paso del tiempo entre intentos fallidos.

No siempre fueron lagartos. Alguna vez en el pasado fueron personas, con sentimientos (Aunque su sociedad diga lo contrario, los hombres también tienen sentimientos) con experiencias que los llevaron a convertirse en un animal de costumbres. El problema fue que en la búsqueda de eso que todos perseguimos llamado amor, fracasaron tantas veces, o toparon con tan poca suerte que se convirtieron en los que ahora prueban y aprovechan cualquier oportunidad esperando una victoria. Pero en la practica, se acostumbraron al fracaso: a lagartear. 

Se diferencian de los perros ó mujeriegos porque el lagarto es ingenuo, no sabe conquistar, tiene la peor hablada de todos los especímenes, y generalmente no tiene éxito.

El perro sale a cazar, tiene un objetivo, una presa. Generalmente escoge las difíciles, porque sabe que puede con ellas. Se toma su tiempo, posee un arte para conquistar, se las come y después va por más. El lagarto no. El lagarto anda por ahí desesperado buscando, pero intenta atrapar tanto al mismo tiempo, tan rápido y sin ningún plan que le garantice el éxito, que al final se queda sin nada o termina atrapando presas fáciles que de todas formas no son su objetivo principal.

Son aquellos que intentan con todo eso que tenga cara de mujer, eso sí esperando encontrar la ideal, la que les llene el vació de buscar más y más.

"No le importa el amor, creo que tal vez por una decepción" @Alejanrics 

"Para mí alguien que aprovecha cualquier mínima oportunidad para tratar de entrarle a alguna chica" @Kike861 


"El lagarto anda viendo que se come en todo lado a toda hora, y al final de cuenta el lagarto si consigue, lo peor, pero consigue" Carlos Ramirez


"Un mae que se lanza demasiado rápido con una chica o mejor dicho, con muchas. Que solo anda viendo a ver que agarra, que carne se come" Linda Van Der Bliek


!Asolag! La mujer que no haya sido lagarteada ni una sola vez en la vida, ni dios la quiere. Todas pasan por eso. Y aunque estoy muy lejos de comprender los enredados caminos hacia la conquista de una mujer aseguro con todas las de la ley que: Cualquier hombre que presente síntomas de lagartitis agudis severus entrara en la lista de los "nunca jamas"de cualquier mujer, sin vuelta atrás.

Sí usted que esa leyendo esto cree que presenta síntomas ¡tranquilo! en sus manos esta la cura. No hace falta ser un sobrado. !Sí! para ustedes también aplica: "mejor deseado, que no sobrado" Sino dígame: A quien le gusta lo fácil? Queremos tener expectativas. Un poco de misterio nos vuelve locas. Así como lo lee. !Ah! Y sepa también que no somos diosas inalcanzables. Ese montón de piropos exagerados y continuos están de más. El interés se muestra más con acciones inteligentes que con palabras necias.

Puede valorar otras cosas mas allá del sexo y las listas largas de victimas para rajarle a los amigotes: La amistad, por ejemplo. Que para su información si existe entre hombres y mujeres. Si no le funciono la jugada a la primera, pues valore esa persona, no esa mujer, sino esa persona, que tal vez el tiempo le muestre que otras virtudes posee y así basado en eso pueda lograr su objetivo: Conquistarla. Deje la necedad y vea en ella otras cosas que por estar de lagarto se esta perdiendo. Disfrute sus momentos de soltería y no me refiero a salir a vomitar el hígado en cada acera y contraer SIDA. Puede hacerlo, si así lo desea, pero también se vale probar despreocuparse un rato de comportarse como un macho alfa y dejar que la vida le traiga un poco de felicidad de una manera distinta: conociendo gente -no solo mujeres por montón- sino gente variada y bonita en la que pueda ver mas allá de unas buenas curvas, sin estar pensando en que quitarse los pantalones es una competencia. Quien quita un quite y encuentre su lagarta ideal en uno de esos días que menos lo esperaba.

lunes, 10 de junio de 2013

Vamos al Mercado!

Miles de personas caminan a través de la Avenida Central día con día. Aglomerada y llena de nuevas y modernas tiendas no deja de lado la más importante concentración de comercio en San José: El Mercado Central de Costa Rica. Desde 1880 hasta la actualidad ha mantenido la cultura costarricense vigente y viva.

Un pedacito de nuestro pasado y muchas de nuestras historias están encerrados tras las paredes de aquel enorme laberinto donde sería un placer poder perderse.  Un solo paso basta para que la curiosidad inunde al alma; Ya no se quiere dar vuelta tras y más bien las ganas de seguir adelante se agrandan mientras al caminar observamos más y más llamativos objetos que con sus formas y colores  atrapan y llenan las expectativas de cualquiera que visite el mercado.

Las paredes ya desgastadas -pero siempre en pie- cuentan por si solas el tiempo transcurrido de sus vivencias y su gente. Sus caras manifiestan el trabajo emprendedor, la gentileza y alegría que con un “Pura vida”  entusiasman la llegada al mercado. Los aromas en el aire delatan la cantidad de productos que podemos encontrar, a veces algunos que tal vez no podíamos imaginar. Medicinas para todos los males, escobas de paja que vuelan con brujas en nuestra imaginación, chanchos coloridos de ahorro de todos los tamaños, que alegran los pasillos del lugar, olor a especias que despiertan el hambre, comidas tan autóctonas y naturales, simplemente típicas y caseras como hechas en casa, hacen que el mercado encierre un sentimiento acogedor y confortable, y no pude evitar presentir que miles de secretos están ocultos entre tantos caminos y gentes que desde hace mas de 100 años generación tras generación, ocupan un lugar en el enorme mercado central.

Aunque hoy el mercado tiene también fines turísticos y algunos nuevos negocios han llegado es casi imposible pensar que llegue a perder su esencia tica, algunas reconstrucciones dejan ver el pasar del tiempo: ya no hay piso de tierra y pocas paredes de adobe, pero los negocios más famosos se mantienen en pie.

Un poco de historia
                  
“En aquellos tiempos, alrededor de 1918, los locales estaban vacios, uno llegaba al mercado y si veía un campito sin usar, simplemente instalaba su negocio ahí” Comenta el dueño de uno de los locales dedicado a la venta de tabaco y bolsos de cuero: “El mío empezó solo vendiendo tabaco, hoy la variedad de productos que tengo a la venta  se ha incrementado, los tiempos cambian, mi negocio ha crecido, pero mantiene esa esencia con la que lo fundo mi abuelo”

Del mercado no podemos irnos sin probar los helados de Lalo Mora. Su local está allí desde hace 80 años, fue fundado por el señor Dolores Mora, según nos cuenta su bisnieto ahora dueño del local “ha sido la herencia familiar y todos hemos asumido la responsabilidad del local con mucho orgullo”.

También en lo más profundo del mercado, donde ya es fácil perderse,  encontramos al Corazón de Jesús. “Ese ayuda a quienes no conocen muy bien a encontrar nuevamente el rumbo” cuenta un funcionario.
“Muchas veces realizamos la misa alrededor de la imagen, las costumbres religiosas nunca se han perdido, y todos juntos en el mercado somos una familia”.

Y esa puede que sea la manera más atinada para describir el gran mercado central: Una gran familia, de la cual todos deberíamos pertenecer. Son las raíces de nuestra tierra, la concentración del folklore costarricense, una manera de transmitir el legado de nuestro pasado. Debe ser el destino obligatorio de todos y en especial de estas nuevas generaciones que ya no saben distinguir un centro comercial de otro. Nuestro Mercado Central es único e inigualable. Puedo decir que el deber nos llama a apoyar el progreso de este gran hogar de  comerciantes y trabajadores que buscan mantener la Costa Rica de siempre.




domingo, 9 de junio de 2013

Es poesía

Tu nariz en mi abdomen, es poesía.
 Nosotros en la cama, haciendo el amor tan fuerte y con tantas ganas que los que no entienden de placeres y perversiones dirán que es sólo sexo, es poesía.


Fuente: Click en la imagen

jueves, 6 de junio de 2013

Ya vieron como se nos escapo el verano?


Han notado esa transición entre la mañana y la tarde?
Ese momento del día cuando la presencia es solo de la brisa gris, anunciando que se acerca la hora.

La hora de refugiarse, de protegerse, de abrigarse.
Ese espacio...ni triste, ni feliz, más bien melancólico. Sin sol, sin lluvia.
Se camina mas rápido, se respira mas profundo, se siente el frío.

Y sobre nosotros, las nubes más grises a punto de llorar todas nuestras nostalgias.

Han notado la ausencia? Nuestras manos vacías al caminar.

¿Se han percatado de las noches heladas? Los largos fines de semana, que parecen eternos si los vemos a través de ventanas empañadas, que nos guardan libertad.

¿Han visto? El invierno parece florecer y todo a su paso, incluso nuestras ganas. Nuestra más profunda necesidad de calor, que nos abrigue de la tempestad.

De compañía, de amor.


miércoles, 5 de junio de 2013

Crónica: El Karma en Pantalones

La lluviosa tarde del martes ameritaba ponerse encima al menos un abrigo bien grueso. En plena Avenida Central, como es usual, la gente caminaba en sentidos opuestos tratando de no chocar las sombrillas.

La tarde estaba oscura y casi triste, pero no para todos. Ella, del otro lado de la calle, esperaba impaciente a que el semáforo cambiara para poder seguir su camino. Se mostraba muy alegre, y es que, con esa cantidad de piropos que le gritaban los conductores al pasar ¿quién no?

 Ciertamente estamos en la transición del verano hacia el invierno, las mañanas son calurosas y las tardes frías. Con esto creo justificar porque esa morena esbelta de pelo negro y largo, atractiva a simple vista, decidió ponerse un pantalón blanco casi transparente, posiblemente dos tallas menor a la que debería vestir.

 Ya no solo su belleza física llamaba la atención entre la abrigada multitud, sino también como su ropa interior negra saludaba en la parte baja de su espalda, donde terminaba el talle de su llamativo pantalón.

 Tal vez si el clima la hubiera favorecido con un sol de esos que pegan de enero a marzo en El Puerto el asunto hubiera sido diferente, pero la señorita era tan notoria que no bastaba con verla unos cuantos segundos, había que analizar tal caso.

Así decidió el joven, que aprovechando el semáforo ya en rojo, cruzaba la calle con su bicicleta en sentido contrario a la atractiva mujer.

Transportaba una canasta verde repleta de naranjas a una velocidad considerable, como si el tiempo se le fuera a acabar. A pesar de su prisa no le fue suficiente girar su cabeza casi 180 grados cuando paso junto a ella, sino que continuó con la mirada fija en la espalda de la morena, y un poco más abajo también, conduciendo su bicicleta hasta el otro lado de la calle, sin percatarse que la municipalidad decidió hace pocos meses enumerar y nombrar cada una de las calles josefinas con un poste de metal de 3 metros de altura, capaz de soportar en pie el impacto de un automóvil sin siquiera ser movido.

¡Claro! El golpe de la bicicleta y la cabeza del muchacho contra semejante estructura de metal se escuchó al menos dos cuadras más abajo.

 Para ese momento, la morena ya se había perdido entre la multitud, a quien ni siquiera le importó voltear la mirada al escuchar el impacto.

Ahora el centro de atención no era tampoco el muchacho, sino el escándalo que hacían los agentes de la municipalidad gritando “!Abran paso!” Quienes agitados y a pie, llegaron a la escena del accidente para capturar al vendedor ambulante de naranjas, que unos cuantos metros atrás ya les había tomado ventaja en su vehículo de dos ruedas.