lunes, 5 de agosto de 2013

La anécdota del teléfono Chocho

Este es uno de esos recuerdos que no se dónde ubicar, si en el lado gracioso de los estantes en mi mente o junto a aquellos no tan gratos donde más que todo siento un poco de dolor. 

Dolor ajeno, porque es una anécdota casi sacada del mejor reality show al estilo E! Entertainment,  dramas de amor totalmente injustos e irónicamente graciosos. 


En fin, así nos trata la vida:

Recuerdo que tenía un novio hace algunos años, no muy bueno para el estudio pero siempre trabajador. 

Humildemente encontró un brete en una tienda donde se arreglaban celulares. Él se encargaba de revisarlos y reparar los los teléfonos. Al final de la jornada laboral, para poder verificar que el trabajo estuviera bien hecho, mi querido Juan ponía su tarjeta SIM en los teléfonos de los clientes, así se aseguraba de que el celular había sido reparado correctamente y estuviera listo para entregarse de nuevo al dueño. 

Yo en mi estado de enamoramiento quinceañero mensajeaba con él todo el día, y para no fallarme me mandaba mensajes desde los celulares de los clientes mientras los reparaba.

 Aunque no decían nada pasado de tono -o tal vez sí- verificaba siempre borrar los cariñosos mensajes antes de volver a entregar el celular a su respectivo dueño. 

Pero Murphy existe. Eran las 10 de la mañana de un día cualquiera cuando recibí una llamada a mi celular de un número desconocido.  Era la voz de una dulce mujer, absolutamente en estado de histeria, enojo, mezclado con un poco de indignación, con un tono de voz que sobrepasaba los decibles del audífono en mi celular: "Solo dígame una cosa. ¿Usted conoce a Douglas? es lo único que ocupo saber." 

De inmediato se me vino a la mente la imagen de Douglas. Un vecino mio muy conocido en el barrio. Y con seguridad le respondí: -Claro que lo conozco. 

Todavía ella esperanzada en que mi respuesta fuera negativa insistió:

-  Douglas el que vive en Hatillo?
Yo en mi mente reflexioné: "A no, yo vivo en Aserrí, pero seguramente ese señor se paso de casa" 
Y volví a reiterar: 
- Si claro, yo conozco a Douglas. 

La joven indignada me tiro el teléfono, después de ofender a mi madre más que a mi. 

Yo estaba petrificada y absolutamente confundida, pero tan solo un segundo después de terminar la llamada con Miss Drama Queen, recibí una segunda llamada de un joven. 

Era Douglas. No mi vecino. Era el Douglas de la muchacha. Con la voz temblando. 

- Mire, yo no se quien es usted y no se por qué habían mensajes en mi celular enviados a su número, pero si la llama mi novia preguntando si me conoce, dígale que no y que yo nunca le he dado la vuelta con usted. Por favor. 

....

!Ah la puta! me cayó la peseta. Que pacao'

Yo solo pude contestarle: 

- Si claro muchacho, si ella me llama yo le digo la verdad, que yo a usted no lo conozco. Suerte con su novia y ojala le crea. 

Y le corte la llamada. 

Llame al culpable de que el pobre Douglas se quedara sin novia, para contarle lo que había sucedido:  

!Mi novio! el reparador de celulares quien me había mandado mensajes de los más amorosos desde el celular de éste -ahora soltero- muchacho, y que su novia -porque la vida es cruel- encontró antes que él. 

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