miércoles, 5 de junio de 2013

Crónica: El Karma en Pantalones

La lluviosa tarde del martes ameritaba ponerse encima al menos un abrigo bien grueso. En plena Avenida Central, como es usual, la gente caminaba en sentidos opuestos tratando de no chocar las sombrillas.

La tarde estaba oscura y casi triste, pero no para todos. Ella, del otro lado de la calle, esperaba impaciente a que el semáforo cambiara para poder seguir su camino. Se mostraba muy alegre, y es que, con esa cantidad de piropos que le gritaban los conductores al pasar ¿quién no?

 Ciertamente estamos en la transición del verano hacia el invierno, las mañanas son calurosas y las tardes frías. Con esto creo justificar porque esa morena esbelta de pelo negro y largo, atractiva a simple vista, decidió ponerse un pantalón blanco casi transparente, posiblemente dos tallas menor a la que debería vestir.

 Ya no solo su belleza física llamaba la atención entre la abrigada multitud, sino también como su ropa interior negra saludaba en la parte baja de su espalda, donde terminaba el talle de su llamativo pantalón.

 Tal vez si el clima la hubiera favorecido con un sol de esos que pegan de enero a marzo en El Puerto el asunto hubiera sido diferente, pero la señorita era tan notoria que no bastaba con verla unos cuantos segundos, había que analizar tal caso.

Así decidió el joven, que aprovechando el semáforo ya en rojo, cruzaba la calle con su bicicleta en sentido contrario a la atractiva mujer.

Transportaba una canasta verde repleta de naranjas a una velocidad considerable, como si el tiempo se le fuera a acabar. A pesar de su prisa no le fue suficiente girar su cabeza casi 180 grados cuando paso junto a ella, sino que continuó con la mirada fija en la espalda de la morena, y un poco más abajo también, conduciendo su bicicleta hasta el otro lado de la calle, sin percatarse que la municipalidad decidió hace pocos meses enumerar y nombrar cada una de las calles josefinas con un poste de metal de 3 metros de altura, capaz de soportar en pie el impacto de un automóvil sin siquiera ser movido.

¡Claro! El golpe de la bicicleta y la cabeza del muchacho contra semejante estructura de metal se escuchó al menos dos cuadras más abajo.

 Para ese momento, la morena ya se había perdido entre la multitud, a quien ni siquiera le importó voltear la mirada al escuchar el impacto.

Ahora el centro de atención no era tampoco el muchacho, sino el escándalo que hacían los agentes de la municipalidad gritando “!Abran paso!” Quienes agitados y a pie, llegaron a la escena del accidente para capturar al vendedor ambulante de naranjas, que unos cuantos metros atrás ya les había tomado ventaja en su vehículo de dos ruedas.

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