Miles de personas caminan a través de la Avenida Central día con día. Aglomerada
y llena de nuevas y modernas tiendas no deja de lado la más importante
concentración de comercio en San José: El Mercado Central de Costa Rica. Desde
1880 hasta la actualidad ha mantenido la cultura costarricense vigente y viva.
Un
pedacito de nuestro pasado y muchas de nuestras historias están encerrados tras
las paredes de aquel enorme laberinto donde sería un placer poder perderse. Un solo paso basta para que la curiosidad
inunde al alma; Ya no se quiere dar vuelta tras y más bien las ganas de seguir
adelante se agrandan mientras al caminar observamos más y más llamativos objetos que con sus formas y colores atrapan y llenan las expectativas de
cualquiera que visite el mercado.
Las
paredes ya desgastadas -pero siempre en pie- cuentan por si solas el tiempo
transcurrido de sus vivencias y su gente. Sus caras manifiestan el trabajo emprendedor,
la gentileza y alegría que con un “Pura vida”
entusiasman la llegada al mercado. Los aromas en el aire delatan la
cantidad de productos que podemos encontrar, a veces algunos que tal vez no podíamos imaginar. Medicinas para todos los males, escobas de paja que vuelan
con brujas en nuestra imaginación, chanchos coloridos de ahorro de todos los
tamaños, que alegran los pasillos del lugar, olor a especias que despiertan el
hambre, comidas tan autóctonas y naturales, simplemente típicas y caseras como
hechas en casa, hacen que el mercado encierre un sentimiento acogedor y
confortable, y no pude evitar presentir que miles de secretos están ocultos
entre tantos caminos y gentes que desde hace mas de 100 años generación tras
generación, ocupan un lugar en el enorme mercado central.
Aunque
hoy el mercado tiene también fines turísticos y algunos nuevos negocios han
llegado es casi imposible pensar que llegue a perder su esencia tica, algunas reconstrucciones dejan ver el
pasar del tiempo: ya no hay piso de tierra y pocas paredes de adobe, pero los
negocios más famosos se mantienen en pie.
Un poco de historia
“En
aquellos tiempos, alrededor de 1918, los locales estaban vacios, uno llegaba al
mercado y si veía un campito sin usar, simplemente instalaba su negocio ahí”
Comenta el dueño de uno de los locales dedicado a la venta de tabaco y bolsos de
cuero: “El mío empezó solo vendiendo tabaco, hoy la variedad de productos que
tengo a la venta se ha incrementado, los
tiempos cambian, mi negocio ha crecido, pero mantiene esa esencia con la que lo
fundo mi abuelo”
Del
mercado no podemos irnos sin probar los helados de Lalo Mora. Su local está
allí desde hace 80 años, fue fundado por el señor Dolores Mora, según nos
cuenta su bisnieto ahora dueño del local “ha sido la herencia familiar y todos
hemos asumido la responsabilidad del local con mucho orgullo”.
También
en lo más profundo del mercado, donde ya es fácil perderse, encontramos al Corazón de Jesús. “Ese ayuda a
quienes no conocen muy bien a encontrar nuevamente el rumbo” cuenta un
funcionario.
“Muchas
veces realizamos la misa alrededor de la imagen, las costumbres religiosas
nunca se han perdido, y todos juntos en el mercado somos una familia”.
Y esa
puede que sea la manera más atinada para describir el gran mercado central: Una
gran familia, de la cual todos deberíamos pertenecer. Son las raíces de nuestra
tierra, la concentración del folklore costarricense, una manera de transmitir el
legado de nuestro pasado. Debe ser el destino obligatorio de todos y en
especial de estas nuevas generaciones que ya no saben distinguir un centro comercial
de otro. Nuestro Mercado Central es único e inigualable. Puedo decir que el
deber nos llama a apoyar el progreso de este gran hogar de comerciantes y trabajadores que buscan
mantener la Costa Rica de siempre.
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